viernes, 18 de enero de 2013

Somos los que estamos, pero no estamos todos los que somos.

por Sergio Ferraro

Después de anoche, y de oír a Lance Armstrong entrevistado por Oprah, parece ser, que la regla de oro es decir o apuntar que todo esto del doping es un asunto únicamente del ciclismo y solo de la época de los 90´s, de mitad de los 90´s hasta un poco más adelante, y nada más.

Y cada vez que le entro a este tema, profundizando al leer los que han intentando estudiar un poco más, me convenzo que a esto no hay que ponerle
fechas. Ni los 90´s, ni los 80´s ni los 70´s...es una historia de siempre, desde los albores del deporte mismo, y por ende desde los inicios del ciclismo también. El hombre siempre se esfuerza por encasillar, para que le sea más fácil, más manejable, entendible, cómodo. Encasilla personas, actitudes, hechos, circunstancias, épocas. Y no siempre se puede, no siempre se debe, porque al encasillar dejamos a otros afuera. Y yo no sé cuantos de esos deben quedar afuera, por aquello de idéntica condición.

Acá hay un señor que ha decididido quitarse sus corazas, sus defensas adquiridas, aprendidas; y ha dado un paso al frente, quizá forzado por las circunstancias, no digo que no, pero lo ha dado. Y no así la historia del ciclismo, la historia toda. La historia que lo acompaña y la historia que lo precede. El sólo, se ha quitados sus ropas y desnudo ha ido al centro de la plaza pública, esa plaza que no es otra que la elegida, la de Oprah Gail Winfrey, la que le asegura hablar de una vez y para siempre. La plaza del gran show, como todo lo que ha sido Lance Armstrong.

Y desnudo ahí, cargado de vergüenzas dudosas, pero desprotegido y vulnerable casi por entero, ha decidido ser quien recoge todas las piedras guardadas para la historia de siempre; ya no su historia, sino la historia del ciclismo y el deporte todo. El hoy es el malo, el único malo visible a quien pegarle, al menos disponible por opción y condición.

Desde las trincheras de los salvados, se confunden tanto inocentes como iguales a Lance, pero parapetados todos y salvaguardados del ciclón con nombre de despecho menonita. Guardan silencio y esperan; esperan que todo pase. Y de estos, no solo ciclistas, en las trincheras hoy se esconden otros que corren, pasan pelotas por encima de la red, patean balones, levantan alteras, pegan saltos enormes, etc etc.

Ya veremos cuantos se erigen con una u otra voz, cuántos serán polvo o viento!? Cuántos acusadores o acusados.

De sentarse en una plaza "en bola" a recibir "cascotazos talibanes", a sacar algún rédito de todo esto, hay mucho trecho. Pero lo cierto es, que bancarse el chaparrón solito intentando no salpicar a nadie, incluidos los ex-compañeros que han obedecido aquellas "fatuas" de la USADA cayendo en la más vil traición, no es poca cosa y un gesto de redención auténtica.

Quizá, esa única imagen de noble integridad a pesar de todo, le sirva en algo para empezar y resurgir de nuevo cuán ave fénix, algún día, en otros derroteros. Quizá.

Quizá también, ese gesto de caballero que hoy él otorga a sus matadores, antes no lo supo sembrar ni cosechar para si. Es que la arrongancia tarde o temprano alguno te la devuelve con sangre; y de eso Jesús y Judas hasta hoy discuten allá arriba.